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viernes, 22 de marzo de 2013

Gente Toxica




Puede ser que tengan la gran fortuna de estar rodeado de personas alegres, vitales, positivas. Puede que tu seas una de esas personas que saben sacarle partido a los dias y encontrar motivos diarios para sentirte feliz....

Pero la realidad es que alrededor de nosotros se encuentran muchos "agonias", personas negativas, opácas , ínflexibles... que se pegan a nuestros costados como parásitos, y sin que apenas nos percatemos empiezan por robarnos la sonrisa y acaban robandonos las ilusiones. Son las denominadas " personas tóxicas"



Pueden formar parte de nuestro círculo familiar, de nuestro grupo de amigos, puede ser nuestro jefe e incluso nuestra pareja.





¿Cómo saber si esa persona nos está robando nuestras energias?



Preguntandote como te sientes después de estar con ella, cuál es tu actitud y tu estado de ánimo.
Si te sientes cansado, malhumorado, triste, apático, con la sensación de te ha ignorado o ninguneado, con dolor de cabeza... es que estas ante un tóxico.

Las personas toxicas son manipuladoras y a veces hasta abusadoras, son gentes que pretenden llenar sus vacíos emocionales, sus inseguridades destruyendo a los demás.
Son poco adaptables e intolerantes, no respetan la libertad de los otros, viven haciendo reproches y quejándose ya que no aceptan a los demás como son.
Suelen ser monologistas y siempre quieren llevar la razón.
Ante un conflicto amenazan con romper las relaciones de manera definitiva, descuidan las capacidades y cualidades y resaltan las carencias y defectos.
En general tienen poca capacidad para disfrutar la vida.

¿Cómo podemos evitarles?

Sí es posible, no permitiéndoles acceso a nuestra intimidad.

Si se debe convivir con ellas, en la familia o en el trabajo, hay que abstraerse mentalmente de su presencia y acciones.

Cuando surge un comentario o comportamiento "tóxico", simular que le prestamos atención cuando, en realidad, nos esforzamos por desoírlo.

Al "tóxico" se lo neutraliza con amabilidad. Su afán por lastimar con comentarios o actos desagradables resulta estéril si él percibe que carece de efecto.

Focalizarse en las cosas positivas que uno tiene en la vida cuando se está cerca de una persona "tóxica". Es un ardid efectivo para superar los malos momentos.

Si no es posible evitarlos,hay que intentar reducir al mínimo el contacto personal con ellos.

Intentando mantener una actitud positiva en todo momento.
¿Has pensado que tu comportamiento también puede ser tóxico para otros?

Es conveniente hacer nuestra propia autocrítica y revisar qué tipo de actitudes y comportamientos tenemos para con los demás.


Como norma general: No hagas a los demás lo que no te gustaria que te hicieran a ti.

TIPOS:



1. El sociópata

Si lo reconoce a tiempo, huya. Sin dudarlo. Es el más peligroso de los seres tóxicos. De entrada cae excelentemente, regalándonos el oído, pero miente sin pestañear para conseguir lo que quiere. Carece de escrúpulos, es incapaz de asumir responsabilidades, y los sentimientos y derechos de los demás no le interesan lo más mínimo. Ni el sentido común: si le conviene, no duda en contradecirse. Su palabra favorita es 'yo'; es engreído y se jacta de todo. ¿El mejor modo de reconocerlo? Mire bien su rostro; no mueve un músculo, no expresa emociones. Y es que no las siente en absoluto. Por eso, su mejor defensa no se lo piense dos veces es una huida inmediata.


2. El mediocre

La desidia y el pasotismo son muy contagiosos. De ahí la importancia de mantener la guardia en alto ante esta categoría de individuos tóxicos. Pese a que no suelen hacer daño más que a ellos mismos, los mediocres pueden envenenar también a las personas más abiertas y vitales si logran convencerlas para ver la vida desde su punto de vista. Su toxicidad puede lograr incluso que uno acabe yendo a trabajar cada vez más desmotivado, en una burbuja de depresión. ¿La solución? Recordar siempre que la elección de nuestros compañeros de ruta depende solo de nosotros.



3. El arrogante presuntuoso

Soberbios, vanidosos y pedantes, los tóxicos de esta especie están convencidos de estar siempre en lo cierto y de tomar, sin margen de error, las mejores decisiones. Si no ganan, empatan. ¿Perder? Jamás. Siempre tienen preparada una respuesta, sobre cualquier tema, hasta el punto de memorizar grandes frases para soltarlas en el momento adecuado y parecer mejores que los demás. Desde luego, reciben las opiniones ajenas con suficiencia. «¿Estás realmente seguro?» es su frase típica. Déspotas intelectuales, aman pontificar, y cualquier medio es bueno para mantener viva la atención de los otros, porque que nadie lo dude solo sus opiniones importan. Si les toca escuchar, suspiran, hacen gestos, muecas, expresando que también sobre eso tienen una opinión; y, desde luego, mejor. En el trabajo intentan convencer a todos de que son indispensables, pero el creerse perfectos los hace equivocarse con frecuencia. Alentados por su errada autopercepción, se hacen daño ellos solos: un buen grado de autoestima es indispensable, pero tener más de la cuenta los vuelve ciegos ante sus errores. Hasta que un día 'ven', aunque no lo confiesen. Pero suele ser demasiado tarde.


4. El victimista

Convencido de que el mundo un lugar terrible está en su contra, rezuma negatividad por cada poro, regodeándose con su mala suerte pero sin hacer nada para cambiar las cosas ni su propia situación. Su resentimiento contra todo es tan intenso que contagia con su pesimismo a quien lo escucha. Aunque lo peor de sus dotes es una enorme habilidad para que los demás nos sintamos culpables de su situación desesperada.


5. El humillador

Es uno de los tóxicos más odiosos y temibles.Goza rebajando a sus víctimas hasta desequilibrarlas emocionalmente. Encuentra auténtico placer en ello. Finge ser nuestro amigo y querer ayudarnos, pero en verdad solo recaba datos sobre nuestros defectos para dejarnos mal a los ojos de los demás. Jamás se quita la máscara, a menos que alcance una posición de ventaja sobre nosotros. Entonces sí, no duda en llegar incluso al insulto explícito y la humillación directa. A un tóxico de este calibre hay que vigilarlo con atención: sus continuos 'recaditos' pueden crearnos un sentido de inferioridad que nos pondría aún más en sus manos; si logra condicionar nuestra vida con sus actitudes, podríamos llegar incluso a convencernos de que lo hace por nuestro bien.


6. El envidioso

No le cabe en la cabeza que los demás triunfen por haberse sacrificado o haber trabajado con tesón y talento, y está siempre rumiando sobre lo que los otros tienen y él no. Siembra cizaña en forma de cotilleos llenos de malicia, rumores y críticas infundadas. En su versión más radical, busca directamente destruir a quienes envidia maltratándolos verbalmente y rebajando todos sus logros ante quienes los valoran. Para él, quien se mantiene en forma yendo al gimnasio no es más que un narcisista con la cabeza hueca; quien asciende, un pelota de los jefes o una ligera de cascos, y así sucesivamente. En el fondo, sin embargo, quien más sufre es precisamente él, que desea ante todo lo que nunca tiene. Y conseguirlo no resuelve su conflicto.


7. El agresivo verbal
Su primer objetivo es hacernos sentir débiles e ineptos. Ofensivo e intimidatorio, incluso su cara, cuando se enciende, resulta belicosa, igual que su tono de voz, siempre atronador. Su violencia psíquica puede dejarnos una huella no menor que la de un maltrato físico. Intentar razonar con ellos es perder el tiempo: aunque un día exaltasen nuestra inteligencia, al día siguiente cuando más tranquilos nos encontremos podrían lanzarnos la pulla más brutal. ¿Consuelo? Estos seres tóxicos no saben entablar relaciones duraderas y terminan solas, abandonadas por todos quienes habían entrado en relación con ellos.


8. El jefe autoritario

En términos laborales, todo jefe tiene el derecho a decirnos qué espera de nosotros y a criticar incluso nuestro desempeño. Pero, claro... ¿qué ocurre cuando, como sucede en no pocos casos, nuestro superior se vuelve un déspota que goza imponiendo su voluntad y necesita constantemente sentirse legitimado a base de humillar a quienes trabajan para él? En ese momento se convierte, sin escalas, en un ser tóxico. Este tipo de personajes autoritarios mantienen el control atemorizando e insultando incluso al personal, hasta el punto de convertir en una insoportable carga lo que habría podido ser un proyecto interesante en el que implicarse. A menudo, estas personas autoritarias no se revelan como tales hasta que, por fin, obtienen el ansiado cargo directivo; un momento antes su toxicidad era insospechable. En los casos más extremos odian a quienes consideran inferiores y boicotean a los que destacan: nunca soportarían ser superados por un subordinado. Su afán de control es tal que llegan a inmiscuirse en el tiempo libre de sus empleados. ¿La mejor defensa? La ley, que ya reconoce el delito de 'mobbing'.

9. el cotilla maldicente

Es un especialista en crear mal rollo en el trabajo sin ningún remordimiento. Sus indiscreciones pueden compro-meter a sus colegas más competentes, y todo sin el menor provecho para él, que se realiza solo con ser escuchado y ver que sus versiones cuelan. Nada ambiciona más que saberlo todo de todos, y si no lo sabe, exagera lo que cree saber o se lo inventa directamente, en lo que es un auténtico talento. ¿Su secreto? Hacer creíbles sus fábulas a partir de una enorme cantidad de detalles conocidos o, en todo caso, coherentes. Nuestra única defensa ante él es mantenernos a distancia y no contarle jamás nada. § En cualquier caso, cabe recordar que casi todos participamos alguna vez en la propagación de cotilleos, siquiera para comentarlos. Es útil un poco de autocrítica para no volvernos tóxicos a nuestra vez.


10. El neurótico

A muchos tóxicos podría calificárselos de 'malos', pero no a los neuróticos, que perjudican tanto a los demás como a sí mismos. Y, aunque pueden causar mal, no suelen tener maldad. Viven poniéndose metas inalcanzables y, si somos sus socios, esperarán lo mismo de nosotros. Su perfeccionismo se convierte casi siempre en manía y quieren controlarlo todo, incluyéndonos, desde luego, hasta el punto de recurrir las veces que hagan falta al chantaje emocional.Pero no son malos; al contrario, quisieran gustar a todo el mundo de un modo casi infantil. Fantasiosos y autosuficientes, no escuchan consejos, pero están más que dispuestos a prodigar su ayuda 'a todos'. Entre ellos, los peores son los supertóxicos castradores, los que nos ayudan solo para poder decirnos alguna vez: «Con todo lo que he hecho por ti, ¿y me lo pagas así?»

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